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Mansalva, Buenos Aires 2008
LA MISIÓN
Tengo cincuenta y cuatro años. He llegado a mi madurez como escritor
y como hombre y sé que no me quedan muchos años de vida productiva.
Una década, tal vez un par de décadas y ya no podré dar a la
literatura las energías que, sin pausa, he vertido sobre ella
durante treinta años. Recién entonces descansaré. Después llegará la
muerte como un suave remanso, una recompensa más sumada a la alegría
de haber vivido el amanecer socialista de mi querida patria. Yo sólo
espero que antes que todo concluya podamos festejar la hora en que
la Gran Alborada Roja del Socialismo ilumine todos los pueblos de la
tierra.
Cada hombre tiene su paladín, su referencia e ideal de emulación. La
mayoría de los escritores de mi patria, cuando buscamos un modelo,
no podemos sino apuntar a la figura de Borges, el genial ciego de
Palermo. Hoy sabemos que, como muchos grandes escritores de su
época, fue víctima de un sistema perverso que cercenó su obra hasta
el extremo de minar su voluntad con la artera finalidad de
distraerlo de sus objetivos democráticos y populares presentando en
su digna figura la imagen de un escritor capitalista, soez y
reaccionario. Amenazas, torturas, desprecio, allanamientos
policiales e interferencias amparadas por su ceguera falsificaron
los sentimientos patrióticos del maestro.
Mas él a todo supo anteponer el estoicismo y la confianza en una
Argentina que tarde o temprano amanecería Soberana, Soviética,
Libre, Justa, Proletaria, y Socialista. ¡Cuántos vejámenes,
humillaciones y tergiversaciones resistió en silencio. . .! ¡Cómo
pudo anteponer su fe en el hombre que construirá el socialismo para
sostenerse en sus heladas mañanas del Buenos Aires sin energía de la
década del setenta...!
Por fortuna, la Sociedad Argentina de Autores y Escritores ha
destacado una comisión de homenaje, que tras muchos años de trabajo
ordenado rescató los originales del maestro y ha comenzado a
publicar sus ediciones críticas, a medida que son retirados de la
venta los textos apócrifos que los editores de su obra (la firma
capitalista Emecé, que, se supo años más tarde, no era sino una
división especial de la policía política del régimen) habían impreso
profusamente para acentuar el dolor y el sufrimiento de los últimos
años de la vida del genial Ehrenburg rioplatense.
A esta comisión de homenaje al camarada Borges, que preside el
camarada Boris llich Fernández Ludueña, debemos la exhumación de la
excelente novela Horas Proletarias, que narra las
alternativas de la represión al movimiento obrero en la Semana
Trágica de 1917 y destaca el importante papel que junto al líder de
los tipógrafos Francisco Real desempeñó el gran Vittorio Codovilla
en la conducción de esas gloriosas jornadas. Por infidencia de algún
colega supe que la maravillosa nouvelle "Mañanitas Metalúrgicas",
escrita en Palermo en la década del cincuenta, llegará a la prensa
no bien los exégetas borgeanos concluyan el comentario de sus
últimos capítulos. No dudo que la divulgación de esta obra traerá
nueva luz sobre la importancia que el hijo de la camarada Leonor
Acevedo ha tenido en los movimientos literarios clandestinos que,
desafiando la cruel represión imperialista y oligárquica, floreció
bajo la conducción del viejo y glorioso Partido Comunista entre 1930
y 1996, año de la victoria.
Como escritor y como hombre no puedo sino compararme con el camarada
Borges cuando tenía mi edad: cincuenta y cuatro años. Es 1953.
Habita un pequeño semipiso que debe compartir con su madre,
pensionada. No tiene mucama ni automóvil y ni siquiera ha soñado con
vacaciones anuales y secretaria, que son las mínimas conquistas que
requiere el trabajador de las letras. Su biblioteca es limitada. Hay
estantes vacíos pues ha debido dejar sus colecciones de Pushkin,
Gógol, Tolstoy, Dostoievsky, Ehrenburg y otros grandes de la
literatura universal en una chacra alejada de Buenos Aires a cuidado
de campesinos amigos, para protegerlas de la represión que se
ensañaría con ellos como tantas veces lo hiciera con sus ejemplares
en rústica de Das Capital y de Materialismo y
Empiriocriticismo.
Hoy, basta un sencillo trámite ante las autoridades, que la Sociedad
Central de Escritores puede hacer por un pequeño arancel, para
obtener autorización de consulta y portación de cualquier libro,
aunque se trate de obras —como el caso de las ediciones apócrifas de
la imprenta para-policial Emecé— que falsean la realidad, la
voluntad del autor y la naturaleza real del contraste entre
capitalismo y socialismo, que no es, como dijera el camarada
Contraalmirante Eloy Rodríguez Usandivaras, sino el contraste entre
lo inhumano y lo humano elevado a su máxima potencia por gracia del
sublime despenar socialista.
Secretarías voluntarias a cargo de estudiantes, automóvil, vivienda
digna, vacación anual, libre acceso a la información reservada a
dirigentes: todas estas conquistas de los escritores, ganadas palmo
a palmo a la oligarquía durante las luchas por la liberación, han
dignificado y humanizado nuestro oficio, que hoy bien podría
considerarse un privilegio. ¡Este oficio que para Borges no fue sino
el calvario y la acumulación de sinsabores que lo arrastraron a la
ceguera, la desesperación y la muerte...!
Imagino a Borges en una de esas reuniones de aristócratas a las que
era invitado y a las que debía concurrir a riesgo de ser llevado por
la fuerza de los esbirros de los magnates. Allí está el escritor,
solo, en su rincón, exhibido entre pieles de cebra y cabezas
reducidas de gauchos, como un trofeo más de los dueños de casa, a la
espera del mozo que le extiende un pequeño bolso de celofán que
ocultará entre sus ropas para llevar algo de los restos del festín a
su madre anciana.
¡Pobre maestro en sus heladas noches de Palermo! Pero... ¡Qué
ejemplo para todos nosotros, escritores de la patria Libre,
Soberana, Justa, Liberada, Soviética, Armónica y Socialista! ¡Qué
estímulo para emular! Vamos: ¡Camaradas de la Sociedad de Escritores
manos a la obra! ¡A producir y producir para agigantar la obra del
socialismo y vengar en la carne de los enemigos de la victoria todos
y cada uno de los sufrimientos de nuestro padre y maestro el gran
Jorge Luis Borges! Ese es nuestro deber. ¡En marcha pues!
LAS BUENAS NUEVAS
El pasado lunes nos sorprendió el telegrama. Lacónico: "Guión Film
120 min. ENTREGA 114/1998" ARTKINO FILMSKVDA. VIV S. Amer.
Stop. VA ANTICIPO" decía.
Por la tarde, como confirmación de nuestra esperanza, llegaba un
cheque por 100.000 Rublos-Rublos, algo así como dos millones de
pesos nuevos-nuevos. Jamás había recibido tanto dinero junto, y,
según me informan en la sociedad de escritores esta suma sólo
liquida un veinte por cierto inicial de los derechos por el guión
del film.
En mi banco no lo podían creer. Vi la expresión del cajero cuando
corrió a la gerencia e informó el monto de mi depósito. Las letras
doradas del cheque "ARTKINO" seguían titilando en la pantalla del
terminal de la computadora cuando el gerente me convidó con un café:
—¡Felicitaciones Camarada! —me dijo. Yo no era más un escritor de
pacotilla apenas conocido por notas en las páginas literarias de los
domingos. Ahora era un cliente importante del banco, un autor para
espectáculos de todo el planeta: Artkino.
Hasta hoy, cuando una empleada nueva interrogaba sobre mi figura
discreta y esmirriada, el viejo cuentacorrentista solía decir: "un
escritor... ", y algo despectivo connotaría su voz. De ahora en más
—y eso leía yo en la mirada del gerente que iba de mis manos al
repetidor de la computer y de allí a la agenda donde había
recuadrado mi nombre— toda vez que alguien pregunte por mí dirán:
"ese es el camarada Fogwill que escribe para Artkino" y ya los
imagino haciendo con sus labios el gesto aprobatorio de quien ha
comido un buen borsch y se sienta satisfecho a beber su vodka en un
atardecer de invierno.
Gente sencilla, los camaradas del Banco forman una capa difícil de
depurar de los vicios de la sociedad capitalista. Me ha dicho el
camarada Soldati, que se está informando pues le han encomendado un
poema para el aniversario de la Asociación de Bancos, que en el
Partido se considera necesaria la subsistencia de ciertas poses
capitalistas para evitar un cambio brusco que podría afectar la
fluidez del sistema financiero, tan necesario para la construcción
del Nuevo Mundo. En este terreno, como en muchos otros, no siempre
la línea recta es el camino más corto entre dos puntos. Y a veces,
un paso atrás equivale a dos pasos adelante, como sugeriría el
camarada Lenin a propósito de la política agraria y como bien lo
testimonia entre nosotros el colosal desarrollo de la industria
farmacéutica autónoma incentivada.
Ya lo veis, el camarada Fogwill ha depositado su cheque en el Banco
y sin que haya cruzado por su mente una sola idea de viajes,
placeres o elementos de confort que semejante suma pone
inesperadamente a su alcance, ha vuelto a su casa y ha echado manos
a la obra. Así responde el camarada Fogwill a la confianza que en él
ha depositado a miles de kilómetros de distancia, la más grande y
maravillosa industria del espectáculo. Porque el camarada Fogwill
sabe retribuir con conciencia Revolucionaria y Socialista, y con
madurez y disciplina este desafío que lo enorgullece, no sólo porque
las más altas figuras de las letras componen el cuerpo de asesores
de Artkino, sino también porque concientiza que los lazos que unen a
la productora con nuestra querida UNIÓN DE REPÚBLICAS SOVIÉTICAS
SOCIALISTAS confirman que todo lo que pueda darle a su
circunstancial cliente, lo estará dando también al pueblo que cargó
sobre sus hombros el peso histórico de llevar la libertad a todos
los rincones de la tierra, y que aún hoy, cuando se pueden contar
con los dedos los focos de resistencia capitalista del Atlántico
Norte y Lejano Oriente, sigue empeñado en contagiar al mundo este
amanecer, calzando sus botas de montaña, piloteando sus tanques que
lanzan el fuego sagrado de la libertad, dirigiendo desde el tablero
sus misiles que son mensajes del futuro, desarrollando desde el
laboratorio más y mejores medios para el control de los reductos
enemigos, desde la cátedra y desde las granjas del pueblo que
trabaja y da su vida por impulsar la gran alborada roja que acabará
con la miseria de una vez por todas en la historia de la humanidad.
EL GÉNERO
Esta mañana intuí que el guión para Artkino debía instalarse en el
género Ciencia Ficción. El público se entusiasma ante lo que procede
del futuro, quizá porque esa improbable región del tiempo está
impregnada de sus esperanzas. He consultado a directivos de varias
distribuidoras cinematográficas y todos coinciden con mi
apreciación: el público prefiere este género, y la prensa tiende a
ser generosa en sus opiniones hacia este tipo de films. No sé por
qué.
Sólo una vez incursioné en el género. Yo era joven, y el resultado
fue un cuento breve, típico representante de una etapa febril en que
había dado la espalda al realismo que las luchas de mis hermanos de
clase reclamaban. No obstante, releyendo ahora aquel pequeño texto,
observo que brindaba, sin mayor conciencia y —confieso— a pesar de
mis objetivos de esa época, una descripción alegórica del carácter
despiadado de la organización capitalista de la sociedad.
Este es el relato que jamás publiqué, y que hoy, pasados veinticinco
años, integro a la obra que documenta mis jornadas de trabajo sobre
mi guión para Artkino:
El niño de piel lila sale del campo
"La voz del supervisor interrumpió un instante la actividad del
grupo de inducción treinta y ocho. Algunos niños miraron hacia los
difusores de cuarzal que iluminaban el campo y repetían las
instrucciones del ordenador de los ejercicios. El niño de piel lila
aguardó unos instantes, fingiendo no haber escuchado o imaginando
secretamente que había entendido mal una instrucción dirigida a
otro. Las miradas de sus vecinos lo convencieron de que, en efecto,
estaba eliminado: estaba eliminado. Se apartó de su puesto sin
valorar en qué medida compadecían o censuraban esas miradas. Caminó
hacia la salida cuando el juego comenzaba a recuperar su orden. Su
paso perturbó a algunos segmentos del campo que vieron interferida
su actividad por esa presencia no prevista en la rutina. Los ojos
del niño de piel lila brillaban: quizás estuviese a punto de llorar.
Casi lloró cuando fue amonestado por primera vez a comienzos de su
Inducción y también en oportunidad de la segunda amonestación,
durante la Inducción de Afectos. Esta tercera amonestación,
que lo eliminaba definitivamente, era previsible. Algo falló y él
había anticipado esta escena desde que las reglas fueron impartidas.
Al salir cometió su último error: sin advertirlo fue hacia el arco
de los vencedores y un celador de aspecto cansado debió corregirlo
interponiéndose en su camino. Los ojos del niño de piel lila seguían
brillando mientras bajaba, lentamente, los primeros peldaños del
arco de los eliminados y allí ningún celador lo detuvo, confirmando
que jamás volvería a incurrir en faltas. Al llegar a la zona oscura
de la escalera, el ritmo de su descenso se hizo más lento. Sus
hombreras de cuarzal blanco apenas reflejaban la poca luz que
llegaba desde lo alto y parecían pesar eternamente sobre la espalda
del niño de piel lila que se perdió en la oscuridad."
Algún valor ha de tener este cuento, que he llamado "El niño de piel
lila" y enviaré a Offset Leningrado para incluirlo en la próxima
edición de mis obras completas.
En verdad no es mucho antecedente para quien se propone trabajar
sobre el género Ciencia Ficción, pero imaginé que valía la pena
incorporarlo a este documento. Por desgracia, poco he leído de
ciencia ficción, aunque en oportunidad de la reinscripción de
escritores en la Sociedad, debí realizar un cursillo de géneros
paralelo a los cursos de formación ideológica, y tuve el placer de
asistir a las clases del Camarada Elvio Gandolfo sobre el tema. La
monografía que presenté para mi promoción en el cursillo se titulaba
presuntuosamente, "Ciencia Ficción: huída de la realidad de
Clase-Anticipación del Futuro Mejor", y hoy al releerla debo
confesar que no era sino un ejercicio escolar, indigno de un hombre
de cuarenta y cinco años que postulaba su candidatura de ingreso a
la entidad rectora del quehacer literario de la Patria.
Es tan grande la distancia entre escribir literatura (que es
escribir para escritores) y escribir un guión (que es imaginar para
públicos) que no me sentiría mejor habilitado si en lugar de escoger
ciencia ficción hubiese elegido algún género que domino por haberlo
empleado en obras anteriores: sea la autobiografía, la exégesis o el
panegírico.
En todo caso, toma forma —ya tiene forma de relato— el envoltorio
del guión, esto que escribo a la espera de nuevas ideas para mi
film.
—Literato incurable... —dijo mi esposa cuando le conté al cabo de la
jornada de ayer los pequeños avances de este trabajo que me lanza a
una popularidad inesperada, que ya estoy detectando: mucha gente
telefonea no bien lee en su periódico la noticia de mi contrato para
Artkino, que los representantes de la firma han difundido como
gacetilla a través de su eficiente aparato de prensa. Parece mentira
que logros tan importantes de una carrera de escritor como la
publicación de mi Obra Escogida, y la edición de mi Obra
Completa que ha prometido Offset Leningrado no impactasen a mis
amistades tanto como la difusión de este contrato, que,
paradojalmente, premia algo que todavía no he hecho, este guión, mi
guión para Artkino.
21 DE JUNIO DE 1994 Hoy cumplí cincuenta y cinco años. Mi esposa me
sorprendió durante el desayuno con un hermoso regalo y una carta de
nuestro hijo menor, que estudia en Córdoba. Haré mecanografiar la
carta por la voluntaria que copia mis trabajos:
"Escuelas América Libre, Córdoba,
1976/1994.
Querido Papá:
"Te escribo para desearte un feliz cumpleaños, y a la vez para
felicitarte por el éxito de tu gestión en la URSS. Mis maestros me
mostraron el recorte del diario con tu fotografía y la noticia de la
adjudicación del contrato para Artkino".
"¡Qué lindo es ser el hijo de un gran hombre! Estoy orgulloso de ti
y mis maestros y compañeros te envían, por mi intermedio,
fraternales saludos".
"Cuánto me gustaría ser un hijo digno de ti, pero los test prueban
que no seré escritor ni científico —lo sabrás por el último boletín
informativo— y debo orientarme hacia la industria de manufacturas
livianas. Si todo sale bien, aprobaré pronto el psicofísico para
comenzar el próximo año mis prácticas rentadas en una fábrica
cercana al colegio".
"No es mucho, pero esa será mi manera de servir a nuestra Amada
Patria Socialista. A fin de año los visitaré y si todo sale como
espero pasaremos unos días juntos."
Saludos Revolucionarios.
Tu hijo Gerónimo"
Yo estoy orgulloso de mi hijo, como él lo está de mí. Acepta su
destino con fe en la justicia revolucionaria y la disciplina y el
carácter que la escuela le está inculcando lo preparan para una vida
feliz en la patria socialista.
A veces su abuela trata de apelar a mis influencias para lograr una
mejor promoción del muchacho en la escuela, pero no sería justo con
él ni con mis camaradas si lo hiciera. La carta que he recibido
muestra su madurez —tiene sólo catorce años— y los logros de esta
excelente escuela sobre muchachos como Gerónimo, hijos de
escritores, científicos y dirigentes de masas con los naturales
conflictos que provoca la posición pública de sus mayores.
¿Qué ocurriría si supiese que su padre lo ayuda, a distancia, para
aventajar a sus compañeros, alguno de los cuales merece lo que él,
por ser mi hijo, podría obtener?
Se avergonzaría: me enfrentaría diciendo:
—¡Papá, no esperaba esto de vos!
Porque mi hijo es un muchacho del nuevo mundo que con tanto esfuerzo
hemos construido, y cualquiera sea el lugar que la sociedad le
destine, si cumple su misión con la misma seriedad y empeño con que
progresa en su carrera escolar, estaré siempre orgulloso de él y de
lo que él representa: la Maravillosa Juventud de la Argentina
Socialista de Hoy.
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