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Rodolfo Enrique Fogwill

Un guión para Artkino


 

Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941) es sociólogo egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde fue docente y profesor titular.

Es autor de las novelas
Los
pichiciegos (1983), Vivir afuera (1998),
La experiencia sensible
(2001),
En otro
orden de cosas (1998), Urbana (2003) y
Un guión para Artkino (2008)
.

En poesía: Partes del todo (1991), Lo dado (2001), Canción de paz (2003) y Últimos movimientos (2004).

También ha publicado los volúmenes de relatos Ejércitos imaginarios (1983), Pájaros de la cabeza (1985),
Restos diurnos (1993) y Muchacha Punk (1998).

Sus ensayos e intervenciones de prensa fueron compilados en
Los libros de la guerra (2008).

Su obra narrativa fue traducida al alemán, hebreo, francés, inglés, portugués y chino mandarín. En 2003 obtuvo la beca Guggenheim y en 2004 el Premio Nacional de Literatura.

 

Mansalva, Buenos Aires 2008

 

LA MISIÓN Tengo cincuenta y cuatro años. He llegado a mi madurez como escritor y como hombre y sé que no me quedan muchos años de vida productiva. Una década, tal vez un par de décadas y ya no podré dar a la literatura las energías que, sin pausa, he vertido sobre ella durante treinta años. Recién entonces descansaré. Después llegará la muerte como un suave remanso, una recompensa más sumada a la alegría de haber vivido el amanecer socialista de mi querida patria. Yo sólo espero que antes que todo concluya podamos festejar la hora en que la Gran Alborada Roja del Socialismo ilumine todos los pueblos de la tierra.

Cada hombre tiene su paladín, su referencia e ideal de emulación. La mayoría de los escritores de mi patria, cuando buscamos un modelo, no podemos sino apuntar a la figura de Borges, el genial ciego de Palermo. Hoy sabemos que, como muchos grandes escritores de su época, fue víctima de un sistema perverso que cercenó su obra hasta el extremo de minar su voluntad con la artera finalidad de distraerlo de sus objetivos democráticos y populares presentando en su digna figura la imagen de un escritor capitalista, soez y reaccionario. Amenazas, torturas, desprecio, allanamientos policiales e interferencias amparadas por su ceguera falsificaron los sentimientos patrióticos del maestro.

Mas él a todo supo anteponer el estoicismo y la confianza en una Argentina que tarde o temprano amanecería Soberana, Soviética, Libre, Justa, Proletaria, y Socialista. ¡Cuántos vejámenes, humillaciones y tergiversaciones resistió en silencio. . .! ¡Cómo pudo anteponer su fe en el hombre que construirá el socialismo para sostenerse en sus heladas mañanas del Buenos Aires sin energía de la década del setenta...!

Por fortuna, la Sociedad Argentina de Autores y Escritores ha destacado una comisión de homenaje, que tras muchos años de trabajo ordenado rescató los originales del maestro y ha comenzado a publicar sus ediciones críticas, a medida que son retirados de la venta los textos apócrifos que los editores de su obra (la firma capitalista Emecé, que, se supo años más tarde, no era sino una división especial de la policía política del régimen) habían impreso profusamente para acentuar el dolor y el sufrimiento de los últimos años de la vida del genial Ehrenburg rioplatense.

A esta comisión de homenaje al camarada Borges, que preside el camarada Boris llich Fernández Ludueña, debemos la exhumación de la excelente novela Horas Proletarias, que narra las alternativas de la represión al movimiento obrero en la Semana Trágica de 1917 y destaca el importante papel que junto al líder de los tipógrafos Francisco Real desempeñó el gran Vittorio Codovilla en la conducción de esas gloriosas jornadas. Por infidencia de algún colega supe que la maravillosa nouvelle "Mañanitas Metalúrgicas", escrita en Palermo en la década del cincuenta, llegará a la prensa no bien los exégetas borgeanos concluyan el comentario de sus últimos capítulos. No dudo que la divulgación de esta obra traerá nueva luz sobre la importancia que el hijo de la camarada Leonor Acevedo ha tenido en los movimientos literarios clandestinos que, desafiando la cruel represión imperialista y oligárquica, floreció bajo la conducción del viejo y glorioso Partido Comunista entre 1930 y 1996, año de la victoria.

Como escritor y como hombre no puedo sino compararme con el camarada Borges cuando tenía mi edad: cincuenta y cuatro años. Es 1953. Habita un pequeño semipiso que debe compartir con su madre, pensionada. No tiene mucama ni automóvil y ni siquiera ha soñado con vacaciones anuales y secretaria, que son las mínimas conquistas que requiere el trabajador de las letras. Su biblioteca es limitada. Hay estantes vacíos pues ha debido dejar sus colecciones de Pushkin, Gógol, Tolstoy, Dostoievsky, Ehrenburg y otros grandes de la literatura universal en una chacra alejada de Buenos Aires a cuidado de campesinos amigos, para protegerlas de la represión que se ensañaría con ellos como tantas veces lo hiciera con sus ejemplares en rústica de Das Capital y de Materialismo y Empiriocriticismo.

Hoy, basta un sencillo trámite ante las autoridades, que la Sociedad Central de Escritores puede hacer por un pequeño arancel, para obtener autorización de consulta y portación de cualquier libro, aunque se trate de obras —como el caso de las ediciones apócrifas de la imprenta para-policial Emecé— que falsean la realidad, la voluntad del autor y la naturaleza real del contraste entre capitalismo y socialismo, que no es, como dijera el camarada Contraalmirante Eloy Rodríguez Usandivaras, sino el contraste entre lo inhumano y lo humano elevado a su máxima potencia por gracia del sublime despenar socialista.

Secretarías voluntarias a cargo de estudiantes, automóvil, vivienda digna, vacación anual, libre acceso a la información reservada a dirigentes: todas estas conquistas de los escritores, ganadas palmo a palmo a la oligarquía durante las luchas por la liberación, han dignificado y humanizado nuestro oficio, que hoy bien podría considerarse un privilegio. ¡Este oficio que para Borges no fue sino el calvario y la acumulación de sinsabores que lo arrastraron a la ceguera, la desesperación y la muerte...!

Imagino a Borges en una de esas reuniones de aristócratas a las que era invitado y a las que debía concurrir a riesgo de ser llevado por la fuerza de los esbirros de los magnates. Allí está el escritor, solo, en su rincón, exhibido entre pieles de cebra y cabezas reducidas de gauchos, como un trofeo más de los dueños de casa, a la espera del mozo que le extiende un pequeño bolso de celofán que ocultará entre sus ropas para llevar algo de los restos del festín a su madre anciana.

 ¡Pobre maestro en sus heladas noches de Palermo! Pero... ¡Qué ejemplo para todos nosotros, escritores de la patria Libre, Soberana, Justa, Liberada, Soviética, Armónica y Socialista! ¡Qué estímulo para emular! Vamos: ¡Camaradas de la Sociedad de Escritores manos a la obra! ¡A producir y producir para agigantar la obra del socialismo y vengar en la carne de los enemigos de la victoria todos y cada uno de los sufrimientos de nuestro padre y maestro el gran Jorge Luis Borges! Ese es nuestro deber. ¡En marcha pues!

 

LAS BUENAS NUEVAS El pasado lunes nos sorprendió el telegrama. Lacónico: "Guión Film 120 min. ENTREGA 114/1998" ARTKINO FILMSKVDA. VIV S. Amer. Stop. VA ANTICIPO" decía.

Por la tarde, como confirmación de nuestra esperanza, llegaba un cheque por 100.000 Rublos-Rublos, algo así como dos millones de pesos nuevos-nuevos. Jamás había recibido tanto dinero junto, y, según me informan en la sociedad de escritores esta suma sólo liquida un veinte por cierto inicial de los derechos por el guión del film.

En mi banco no lo podían creer. Vi la expresión del cajero cuando corrió a la gerencia e informó el monto de mi depósito. Las letras doradas del cheque "ARTKINO" seguían titilando en la pantalla del terminal de la computadora cuando el gerente me convidó con un café:

—¡Felicitaciones Camarada! —me dijo. Yo no era más un escritor de pacotilla apenas conocido por notas en las páginas literarias de los domingos. Ahora era un cliente importante del banco, un autor para espectáculos de todo el planeta: Artkino.

Hasta hoy, cuando una empleada nueva interrogaba sobre mi figura discreta y esmirriada, el viejo cuentacorrentista solía decir: "un escritor... ", y algo despectivo connotaría su voz. De ahora en más —y eso leía yo en la mirada del gerente que iba de mis manos al repetidor de la computer y de allí a la agenda donde había recuadrado mi nombre— toda vez que alguien pregunte por mí dirán: "ese es el camarada Fogwill que escribe para Artkino" y ya los imagino haciendo con sus labios el gesto aprobatorio de quien ha comido un buen borsch y se sienta satisfecho a beber su vodka en un atardecer de invierno.

Gente sencilla, los camaradas del Banco forman una capa difícil de depurar de los vicios de la sociedad capitalista. Me ha dicho el camarada Soldati, que se está informando pues le han encomendado un poema para el aniversario de la Asociación de Bancos, que en el Partido se considera necesaria la subsistencia de ciertas poses capitalistas para evitar un cambio brusco que podría afectar la fluidez del sistema financiero, tan necesario para la construcción del Nuevo Mundo. En este terreno, como en muchos otros, no siempre la línea recta es el camino más corto entre dos puntos. Y a veces, un paso atrás equivale a dos pasos adelante, como sugeriría el camarada Lenin a propósito de la política agraria y como bien lo testimonia entre nosotros el colosal desarrollo de la industria farmacéutica autónoma incentivada.

Ya lo veis, el camarada Fogwill ha depositado su cheque en el Banco y sin que haya cruzado por su mente una sola idea de viajes, placeres o elementos de confort que semejante suma pone inesperadamente a su alcance, ha vuelto a su casa y ha echado manos a la obra. Así responde el camarada Fogwill a la confianza que en él ha depositado a miles de kilómetros de distancia, la más grande y maravillosa industria del espectáculo. Porque el camarada Fogwill sabe retribuir con conciencia Revolucionaria y Socialista, y con madurez y disciplina este desafío que lo enorgullece, no sólo porque las más altas figuras de las letras componen el cuerpo de asesores de Artkino, sino también porque concientiza que los lazos que unen a la productora con nuestra querida UNIÓN DE REPÚBLICAS SOVIÉTICAS SOCIALISTAS confirman que todo lo que pueda darle a su circunstancial cliente, lo estará dando también al pueblo que cargó sobre sus hombros el peso histórico de llevar la libertad a todos los rincones de la tierra, y que aún hoy, cuando se pueden contar con los dedos los focos de resistencia capitalista del Atlántico Norte y Lejano Oriente, sigue empeñado en contagiar al mundo este amanecer, calzando sus botas de montaña, piloteando sus tanques que lanzan el fuego sagrado de la libertad, dirigiendo desde el tablero sus misiles que son mensajes del futuro, desarrollando desde el laboratorio más y mejores medios para el control de los reductos enemigos, desde la cátedra y desde las granjas del pueblo que trabaja y da su vida por impulsar la gran alborada roja que acabará con la miseria de una vez por todas en la historia de la humanidad.

 

EL GÉNERO Esta mañana intuí que el guión para Artkino debía instalarse en el género Ciencia Ficción. El público se entusiasma ante lo que procede del futuro, quizá porque esa improbable región del tiempo está impregnada de sus esperanzas. He consultado a directivos de varias distribuidoras cinematográficas y todos coinciden con mi apreciación: el público prefiere este género, y la prensa tiende a ser generosa en sus opiniones hacia este tipo de films. No sé por qué.

Sólo una vez incursioné en el género. Yo era joven, y el resultado fue un cuento breve, típico representante de una etapa febril en que había dado la espalda al realismo que las luchas de mis hermanos de clase reclamaban. No obstante, releyendo ahora aquel pequeño texto, observo que brindaba, sin mayor conciencia y —confieso— a pesar de mis objetivos de esa época, una descripción alegórica del carácter despiadado de la organización capitalista de la sociedad.

Este es el relato que jamás publiqué, y que hoy, pasados veinticinco años, integro a la obra que documenta mis jornadas de trabajo sobre mi guión para Artkino:

 

El niño de piel lila sale del campo

 

"La voz del supervisor interrumpió un instante la actividad del grupo de inducción treinta y ocho. Algunos niños miraron hacia los difusores de cuarzal que iluminaban el campo y repetían las instrucciones del ordenador de los ejercicios. El niño de piel lila aguardó unos instantes, fingiendo no haber escuchado o imaginando secretamente que había entendido mal una instrucción dirigida a otro. Las miradas de sus vecinos lo convencieron de que, en efecto, estaba eliminado: estaba eliminado. Se apartó de su puesto sin valorar en qué medida compadecían o censuraban esas miradas. Caminó hacia la salida cuando el juego comenzaba a recuperar su orden. Su paso perturbó a algunos segmentos del campo que vieron interferida su actividad por esa presencia no prevista en la rutina. Los ojos del niño de piel lila brillaban: quizás estuviese a punto de llorar. Casi lloró cuando fue amonestado por primera vez a comienzos de su Inducción y también en oportunidad de la segunda amonestación, durante la Inducción de Afectos. Esta tercera amonestación, que lo eliminaba definitivamente, era previsible. Algo falló y él había anticipado esta escena desde que las reglas fueron impartidas.

Al salir cometió su último error: sin advertirlo fue hacia el arco de los vencedores y un celador de aspecto cansado debió corregirlo interponiéndose en su camino. Los ojos del niño de piel lila seguían brillando mientras bajaba, lentamente, los primeros peldaños del arco de los eliminados y allí ningún celador lo detuvo, confirmando que jamás volvería a incurrir en faltas. Al llegar a la zona oscura de la escalera, el ritmo de su descenso se hizo más lento. Sus hombreras de cuarzal blanco apenas reflejaban la poca luz que llegaba desde lo alto y parecían pesar eternamente sobre la espalda del niño de piel lila que se perdió en la oscuridad."

 

Algún valor ha de tener este cuento, que he llamado "El niño de piel lila" y enviaré a Offset Leningrado para incluirlo en la próxima edición de mis obras completas.

En verdad no es mucho antecedente para quien se propone trabajar sobre el género Ciencia Ficción, pero imaginé que valía la pena incorporarlo a este documento. Por desgracia, poco he leído de ciencia ficción, aunque en oportunidad de la reinscripción de escritores en la Sociedad, debí realizar un cursillo de géneros paralelo a los cursos de formación ideológica, y tuve el placer de asistir a las clases del Camarada Elvio Gandolfo sobre el tema. La monografía que presenté para mi promoción en el cursillo se titulaba presuntuosamente, "Ciencia Ficción: huída de la realidad de Clase-Anticipación del Futuro Mejor", y hoy al releerla debo confesar que no era sino un ejercicio escolar, indigno de un hombre de cuarenta y cinco años que postulaba su candidatura de ingreso a la entidad rectora del quehacer literario de la Patria.

Es tan grande la distancia entre escribir literatura (que es escribir para escritores) y escribir un guión (que es imaginar para públicos) que no me sentiría mejor habilitado si en lugar de escoger ciencia ficción hubiese elegido algún género que domino por haberlo empleado en obras anteriores: sea la autobiografía, la exégesis o el panegírico.

En todo caso, toma forma —ya tiene forma de relato— el envoltorio del guión, esto que escribo a la espera de nuevas ideas para mi film.

—Literato incurable... —dijo mi esposa cuando le conté al cabo de la jornada de ayer los pequeños avances de este trabajo que me lanza a una popularidad inesperada, que ya estoy detectando: mucha gente telefonea no bien lee en su periódico la noticia de mi contrato para Artkino, que los representantes de la firma han difundido como gacetilla a través de su eficiente aparato de prensa. Parece mentira que logros tan importantes de una carrera de escritor como la publicación de mi Obra Escogida, y la edición de mi Obra Completa que ha prometido Offset Leningrado no impactasen a mis amistades tanto como la difusión de este contrato, que, paradojalmente, premia algo que todavía no he hecho, este guión, mi guión para Artkino.

 

21 DE JUNIO DE 1994 Hoy cumplí cincuenta y cinco años. Mi esposa me sorprendió durante el desayuno con un hermoso regalo y una carta de nuestro hijo menor, que estudia en Córdoba. Haré mecanografiar la carta por la voluntaria que copia mis trabajos:

 

"Escuelas América Libre, Córdoba,

1976/1994.

Querido Papá:

"Te escribo para desearte un feliz cumpleaños, y a la vez para felicitarte por el éxito de tu gestión en la URSS. Mis maestros me mostraron el recorte del diario con tu fotografía y la noticia de la adjudicación del contrato para Artkino".

"¡Qué lindo es ser el hijo de un gran hombre! Estoy orgulloso de ti y mis maestros y compañeros te envían, por mi intermedio, fraternales saludos".

"Cuánto me gustaría ser un hijo digno de ti, pero los test prueban que no seré escritor ni científico —lo sabrás por el último boletín informativo— y debo orientarme hacia la industria de manufacturas livianas. Si todo sale bien, aprobaré pronto el psicofísico para comenzar el próximo año mis prácticas rentadas en una fábrica cercana al colegio".

"No es mucho, pero esa será mi manera de servir a nuestra Amada Patria Socialista. A fin de año los visitaré y si todo sale como espero pasaremos unos días juntos."

Saludos Revolucionarios.

Tu hijo Gerónimo"

 

Yo estoy orgulloso de mi hijo, como él lo está de mí. Acepta su destino con fe en la justicia revolucionaria y la disciplina y el carácter que la escuela le está inculcando lo preparan para una vida feliz en la patria socialista.

A veces su abuela trata de apelar a mis influencias para lograr una mejor promoción del muchacho en la escuela, pero no sería justo con él ni con mis camaradas si lo hiciera. La carta que he recibido muestra su madurez —tiene sólo catorce años— y los logros de esta excelente escuela sobre muchachos como Gerónimo, hijos de escritores, científicos y dirigentes de masas con los naturales conflictos que provoca la posición pública de sus mayores.

¿Qué ocurriría si supiese que su padre lo ayuda, a distancia, para aventajar a sus compañeros, alguno de los cuales merece lo que él, por ser mi hijo, podría obtener?

Se avergonzaría: me enfrentaría diciendo:

—¡Papá, no esperaba esto de vos!

Porque mi hijo es un muchacho del nuevo mundo que con tanto esfuerzo hemos construido, y cualquiera sea el lugar que la sociedad le destine, si cumple su misión con la misma seriedad y empeño con que progresa en su carrera escolar, estaré siempre orgulloso de él y de lo que él representa: la Maravillosa Juventud de la Argentina Socialista de Hoy.

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