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De Cuentos completos 1945-1987,
Ediciones RyR, Buenos Aires, 2010.
E hizo
lo recto en ojos de Jehová
II Cron. 34,2
Este año no salimos. Me lo dijo el César. Y hacía
morisquetas para no llorar. ¡Si será pavo!
Pero Los Divertidos salen. Te lo digo yo César. Te lo
digo yo que soy el director. El sábado estoy mejor y salimos.
¿Qué? ¿No creés? ¿No ves que sos un pavo? ¿no ves
Coco que éste es un pavo?
Pero el Coco se miraba los pies y no decía nada.
Andaba como perdido, sin saber qué hacer en la pieza. Che Coco, ¿qué
te pasa? ¡Che Coco!
El frío. ¿Por qué tiene que venir esto? El frío es
como una mano que me agarra. Como un diablo que me dice: Estaré ahí,
Barraza, no te muevas. ¡No quiero! ¡Sáquenmelo de encima al diablo!
¡Si yo estoy bien!, ¿no viste cómo bailaba Coco?
Tengo frío. En la ventana el cielo se está poniendo
rojo. ¿Qué hora es? Hay que prepararse Coco. Avisale a todos.
El bombo. ¿Trajiste el bombo Coco?
Y el Coco se callaba la boca. Miraba el suelo.
¿Por qué Coco? ¿Por qué te callás la boca y andás
como escondiéndote? ¿Vos Coco? ¿El mejor tocador de bombo? ¡Que no
se diga!
Porque vos sos el mejor de todos. Sin vueltas. Cuando
te dejamos solo hacés lo que querés con el bombo. La gente te
aplaude. Se vuelve loca. Por la espalda, por abajo la pata. ¡Dale
Coco! ¡Más fuerte Coco! ¡Más ligero! ¡Dale Coco!
Pero yo soy el director. Yo siempre fui el director.
¿No es cierto Coco? Este año, y el año pasado, y el otro, y el otro.
Siempre.
La murga de Barraza,
le dicen a Los Divertidos. Eso vos lo sabés.
Yo seré un negro atorrante. Está bien. Por ahí salgo
con el carrito y vendo fruta. Por ahí changueo en lo que venga. Por
ahí no hago nada. Te acompaño cuando vas a trabajar al Parque o me
quedo jodiendo en el boxing-club. Una semana, un mes, lo que sea.
Pero en Carnaval soy el director. Soy Ovidio Barraza.
La gente me llama, me conoce, me dice: ¡chau Barraza! Y me miran
como embobados.
No soy un negro atorrante. Soy el director.
¡Coco! ¡No te quedés callado como un pavo! ¡tanto que
me hacías reír en el Parque y ahora te quedás allí, quieto, como si
tuvieras miedo o no sé qué!
¿Te acordás Coco? ¡Tres pelotas un peso! ¡Tírele al
negro! Vos también sos un negro atorrante, sos mi primo. Sos un
negro atorrante como yo. ¡Mucho Coco! Sacabas la cabeza por la lona
y te reías. La cargabas a la gente. ¡Tres pelotas un peso! ¿Te
acordás Coco?
Pero no le pegaban. El Coco sabía esquivar. Había
aprendido en el boxing-club. Era bueno antes.
El Coco es el mejor tocador de bombo.
El mejor de todos. Los Divertidos lo necesitan y él se viene. Pero
no es lo mismo que yo.
Si yo le digo por ejemplo: este año no salimos. Él me
dice: está bien. Y el César y mi hermano Julio, y todos se
amargarían un poco pero al final dirían: está bien.
Pero yo no digo: ¡está bien! ¿Entendés César? Yo no
digo: no salimos. Porque yo soy Ovidio Barraza. Soy el director.
¡Atención muchachos!
—Vos César, allí con el estandarte. Vos Coco, allí al
costado. Vos Julio en el medio conmigo. ¡Ahora!
Y póngale y póngale y póngale nomás
y póngale y póngale y póngale nomás.
Y
la gente nos hacía rueda en la esquina. Se apretaban para mirar.
Venían de todos lados.
El Coco le pegaba al bombo y a los platillos. El
César movía el estandarte. Bum... chs chs chs, bumm... chs chs chs.
Y los otros bailaban. Yo les había enseñado. Movían
el cuerpo, los brazos, saltaban. Bumm... chs chs chs, bumm chs chs
chs.
Y Julio me seguía, bailaba delante de mí. Pero yo en
el medio. Saltando más que los otros, más alto, más ligero. Porque
soy el director. Y nadie baila como Barraza, ¿no es cierto Coco?
Abría la boca, me levantaba en el aire, me doblaba,
más alto, mucho más alto que los otros. Bumm... chs chs chs, bumm...
chs chs chs.
Después levantaba el brazo y el Coco paraba el bombo.
Todos se quedaban quietos. Me escuchaban.
Un pajarito entró
por el patio de un convento
qué contentas estaban las monjas
con el pajarito adentro.
Y póngale y póngale y póngale nomás,
y póngale y póngale y póngale nomás.
En la calle. Bajo el
farol de la esquina. Viendo cómo los pantalones blancos y las
levitas coloradas se sacudían en el aire. ¡Dale Coco! ¿Más fuerte
Coco!
Tengo frío. En la ventana el cielo está rojo. Y el
cielo tiene ruidos. Los pibes, un carro que pasa. ¿Por qué empiezan
ya? ¿Por qué no esperan a Los Divertidos?
¡Carmen!
Los muchachos no están. Estoy solo. La pieza. Ese
cajón con los remedios. Coco está trabajando en el Parque. El César
no entiende nada.
¡Carmen!
Mi hermana está en la cocina. Oigo el ruido de la
pileta.
¡Carmen!
Algo más para taparme, che, tengo frío.
El frío debe venir de ese cielo rojo. Se mete debajo
de las cobijas. Hace mover la cama.
Pero el sábado estoy mejor y salimos. Te lo digo yo,
César. Vos no entendés nada. Te lo digo yo que soy el director.
¡Atención muchachos!
Y cantábamos otra y otra. Todo el repertorio. Todas
las letras que hice yo.
La gente se entusiasmaba y aplaudía y daba la plata
sin fijarse. Porque Los Divertidos es la murga de Barraza. La mejor
de todas.
¡Dale Coco! ¡Más fuerte Coco!
Y nos íbamos yendo en fila por la calle. Bailando.
Julio delante de mí dando vueltas. El César moviendo el estandarte.
Y los demás saltando, agachándose, bailando fuerte, mostrando resto
¡qué joder! Por algo somos Los Divertidos.
Y póngale y
póngale y póngale nomás,
y póngale y póngale y póngale
nomás.
Y de ahí a otro lado.
Y de ahí al corso. Y a otro corso. Y al baile. Y otra vez en la
calle. Cinco, seis, siete veces, ¡qué sé yo! Sin parar una noche.
Sin aflojar. Porque Los Divertidos no aflojan.
¡Dale Coco!
El sábado, el domingo, chupando, cantando, bailando
en forma. El lunes, el martes, meta y meta nomás. Entusiasmando a la
gente. ¡Chau Barraza! ¡Chau pibe! Porque yo soy el director.
Al corso del Talar entramos por Argerich. La gente
nos esperaba. Nos conoce bien. Es el corso nuestro. ¡Barraza!, me
gritaban, pero yo no podía mirar. Tenía que atender a la murga. ¡No
se separen muchachos! Y fuimos llegando al palco uno por uno.
¿Qué? ¿Ya estuvieron Los Revoltosos? ¿Los de Urquiza?
Pero el premio es nuestro. Estate tranquilo. ¡Dale Coco!
Y el Coco nos hacía bailar más fuerte, más ligero.
Porque el corso del Talar es el nuestro. Se jugaba entero el Coco.
Se quedó solo en el medio y todos nos quedamos
quietos viéndolo tocar. ¡Dale Coco! ¡Mucho Coco!, le gritaban.
Por la espalda, por abajo la pata, por atrás del
pescuezo. Hace lo que quiere con el bombo el Coco.
Estoy cansado Julio, no sé lo que tengo.
Las piernas me pesaban. Las luces me daban vueltas.
Salimos del corso y fuimos a tomar una copa. Tomé dos
cañas. Después nos convidaron de las mesas y tomamos vino. La gente
se había amontonado en el café y nos pedía que cantáramos.
Pero a mí me dolía todo. Me pesaba el cuerpo.
Dale Coco. Y el Coco empezó a golpear el bombo
despacito, para que fuéramos haciendo la rueda.
Estaba cansado. Ya era la cuarta noche. Pensé que
casi no había comido. Chupado sí, pero comido casi nada. Ha de ser
eso nomás.
Pero después entre la caña y el vino se me empezó a
ir el cansancio.
¡Dale Coco! Ahora.
Un pajarito entró
por
el patio de un convento
Las caras de la gente se me borraban. El bombo
tocaba lejos, lejos.
Qué contentas estaban las monjas
La voz me parecía de otro. Julio me preguntó:
¿qué te pasa?
Con
el pajarito adentro...
¡Solo Barraza!, me decían. Y yo bailé. No lo
sentía al cuerpo. Me agachaba, saltaba en el aire. Más alto, más
arriba que todos. Para eso soy el director. La gente aplaudía.
Alguien dijo: es bueno el negro.
¡Y claro que somos buenos! Somos Los Divertidos. Los
mejores.
El premio es nuestro. Estate tranquilo Julio. No
tienen nada que hacer Los Revoltosos.
Y póngale
y póngale y póngale nomás,
y póngale y póngale y póngale nomás.
Toda la noche. Hasta la madrugada.
Fue recién al volver. No sé que me pasó. Estaba muy
cansado. Tenía frío. En eso sentí como un ahogo y me agarré a Julio.
Me metieron en el camión y me llevaron.
Las luces eran espejitos de colores que pasaban
volando allá arriba.
¿Adónde van las luces Julio?
La levita colorada agarrándome la frente. Y un
zumbido largo, largo, contra el brazo de Julio. Un algodón que me
tapaba los ruidos.
¿Dónde quedaron los muchachos? Mañana a las cinco en
casa, ¿oíste?
Eso me llenaba la boca, que me ahogaba.
El camión metiéndose en calles conocidas. La música
de un baile. Las gomas chillando al pegar las vueltas. Los árboles
de la plaza de Devoto.
Julio, ¿qué te dijeron en el hospital? Yo no entiendo
eso.
Hoy lo oí al de la asistencia. ¿Qué quiere decir?
¡Está loco el tipo! El sábado estoy mejor y salimos.
Se lo digo yo doctor. Usted no entiende nada, ¿me oye?
La ventana está roja. Como si tuviera fiebre.
Y sin embargo me manda el frío mezclado con las voces
de la calle. Y entre las voces... sí sí, ¡un bombo! ¿Quién toca el
bombo ahora? ¡Coco! ¡Coco!
Pero el Coco no es. Está trabajando en el Parque. Y
yo estoy aquí. El frío me agarra, no me deja mover. ¡El bombo! ¿De
dónde viene el bombo?
¡Coco! ¡Vos saliste solo! Estás tocando en la esquina
y la gente te aplaude. ¡Dale Coco! ¡Más fuerte Coco!
No no no. Coco se miraba los pies y no sabía qué
hacer aquí. Y el César hacía morisquetas para no llorar.
Julio, ¿qué quiere decir galopante? Yo no entiendo
nada Julio. Yo no me voy a morir. Porque yo soy el director. ¿No es
cierto Julio?
Tengo frío. Las cosas me miran y tampoco entienden
nada. Me dejan solo.
¡Julio! ¡Julio!
No quiero estar solo. Por la ventana llega el cielo y
me trae el frío. El bombo suena lejos. ¿En qué barrio? Pero viene
por el aire y se mete en la pieza.
Hacelo callar Carmen. ¡Andá vos Coco! Sacale el bombo
de la mano. Mostrale lo que sabés hacer. ¡Dale Coco! ¡Más fuerte
Coco! ¡Más ligero!
Un pajarito entró
por el patio de un
convento
qué contentas estaban
las monjas
con el pajarito
adentro.
No soy un negro atorrante. Soy Ovidio Barraza. Soy el
director.
La ventana está roja. Toda la pieza está roja.
¿Por qué no decís nada Coco? ¿De veras pensás que
estoy listo? ¿Es cierto Coco? ¿Es cierto que me voy a morir?
¡Vamos a buscarlo al bombo! ¡Vamos a toparnos! Yo soy
el director y me paro adelante. ¡Dale Coco! ¡Más fuerte Coco!
Por la ventana roja. El frío que viene del cielo.
Acercate Coco. Dame la mano. Te acordás cuando
sacabas la cabeza por la lona. Pero no te pegaban. Sabías esquivar.
Lloro sí. Lloro porque el Carnaval se me escapa. Es
un bombo que suena lejos, en otro barrio. Y yo no puedo correrlo.
¡Dale Coco! ¡Correlo vos Coco!
Los Divertidos no salen. Los Divertidos están mirando
esa ventana roja por donde se mete el frío.
Y el frío viene mezclado con los golpes de un bombo.
Pero no es el tuyo Coco. Es otro bombo.
¡Chau Barraza! Y yo levantaba la mano para saludar.
Decíselo vos Coco. Decile a la gente. El negro
Barraza muere en su ley. Muere el director de Los Divertidos. No un
negro atorrante.
Decíselo vos Coco.
¡Dale Coco! ¡No parés Coco! ¿No ves que la ventana se
pone negra? ¿No ves que se está tapando el cielo?
¡Dale Coco! ¡Más fuerte Coco!
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